El precio de ser perfecta

Después de unos meses de receso en mi blog – unas lineas más abajo descubrirás por qué -, hoy vuelvo para quedarme y que mejor que re-iniciar con un tema que me es muy familiar, pues lo he vivido en mi propia piel y puedo hablarte con propiedad acerca del precio de pretender ser perfecta.

Este tema da mucho de sí y sin ánimos de hacerlo muy extenso, mi propósito en esta ocasión es develarte la mentalidad del perfeccionista y el impacto que tiene en su bienestar.

Índice de contenidos

 

1. Radiografía de un perfeccionista

2. Impacto en tu salud física y emocional

3. Tu historia es también mi historia

4. ¡El amor! La cura de todos los males

 

 1. Radiografía de un perfeccionista

Si lo pensamos, no es considerado como un defecto, incluso podríamos decir que está muy bien valorado socialmente ser perfeccionista.Todos ganan cuando alguien que persigue la excelencia, se esmera al máximo en cualquier labor que desempeña. El problema es que cuando llegas a cierto nivel, bajar los estándares ya no te es permitido y tú de ninguna manera lo aceptas, básicamente porque esto se ha convertido en tu patrón de funcionamiento.

Y aunque de cara a los demás es fascinante contar con un perfeccionista en su vida porque sugiere la posibilidad de lograr con éxito aquello que ha de acometer, hay cosas que se le escapan de su control, inevitablemente.

La Real Academia Española ya nos lo deja clarito desde el principio y define esta conducta como “una tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”…. y ahí empiezan los problemas.

El perfeccionista es alguien que tiende a sentirse continuamente insatisfecho e incluso frustrado, porque no termina de encontrar del todo perfecto aquello que hace. Su elevada autocritica le lleva a esforzarse permanentemente y sin descanso por mejorar una y otra vez cualquier tarea que inicie.

Es un “esclavo” del detalle y tiene una tendencia automática a encontrar defectos. Nada está bien, pues todo debe ser mejorado. Todo es un logro incompleto. Ninguna cosa termina de estar.

La otra cara de la moneda seria  la excelencia que no es más que una virtud, un talento o cualidad que eleva tus estándares de calidad.

 

“La excelencia es un arte ganado a base de entrenamiento y hábito. Somos lo que hacemos repetitivamente.
La excelencia entonces, no es un suceso sino un hábito”

-Aristóteles-

 

Así es como entonces, aquel que pretende ser perfecto puede llegar a un nivel de sufrimiento innecesario pues, hay un importante miedo a equivocarse y por lo tanto miedo a fracasar o, por el contrario, miedo a triunfar. Esto le lleva a no terminar lo que hace o retrasarse en la entrega, ya que siente que debe revisarlo todo una y otra vez. De esa manera es imposible disfrutar del proceso y finalmente lo que ocurre es que, si esto se mantiene en el tiempo, termina por no sentirse suficiente ya que ha de lidiar con demasiada frustración.

Y como la función de nuestra mente inconsciente es protegernos, aparece el auto sabotaje con la finalidad de evitar el dolor.

2. El impacto en tu salud física y emocional

Podría daros aquí una clase de neurobiología del estrés, pero preferí preguntarlo directamente en mis redes sociales (que, por cierto, si aún no me sigues, tienes en la margen derecha, el acceso a mis redes sociales) y la mayoría de personas estuvieron de acuerdo que pretender ser perfeccionista:

  • Te roba vitalidad ya que es un desgaste energético muy grande.
  • Disminuye la capacidad de concentración.
  • Te sientes nervioso, irritable, estresado, hasta llegar incluso a padecer de ansiedad.
  • Te conecta con la frustración y la tristeza por no cumplir las expectativas que te habías marcado y esto te lleva a la apatía.
  • Te da la sensación de no ser suficiente, incapaz y por ende te hace sentir desvalorizado.
  • A nivel físico pueden aparecer un abanico de síntomas tales como gastritis, colitis, cefalea, tensión muscular, insomnio, entre muchos otros más.

Y así podríamos continuar con una larga lista de síntomas que parece ser que no le hacen bien a nadie. A ti porque te paraliza, eclipsa tu creatividad, te quita demasiado tiempo llevándote a aplazar lo importante, procrastinas y, sobre todo, te impide disfrutar del proceso y de la vida misma.

A los demás porque, así como eres de autoexigente contigo mismo, lo eres con los demás. Les juzgas con el mismo racero que te juzgas a ti y pones en ellos expectativas que no necesariamente son las que ellos consideran y pretenden para sí.

Pretender ser perfeccionista tiene un impacto importante en tu bienestar y en el de los tuyos.
3. Al final no somos muy diferentes unos de otros

Te decía anteriormente que he vivido en mi propia piel el precio de ser perfecta.

Con todo el amor del mundo, mi madre  – otra experfeccionista -, quiso tener una hija perfecta, así que desde pequeña entendí que solo lo que estaba perfectamente hecho, era lo aceptado y como expliqué en el artículo cinco preguntas que te harán descubrir tu valor personal, los hijos con tal de obtener el amor de sus padres, hacen lo que sea.

Y es así como  yo de manera inconsciente me he pasado la vida, asegurándome de hacer todo con la máxima calidad posible, y eso no tiene nada de malo hasta que un día te haces mayor y te das cuenta que es insostenible en el tiempo, ya que no es funcional pues es absurdamente agotador, desgastante y sobre todo, desesperanzador porque parece que no hay límite para hacerlo demasiado bien.

Y mientras trabajas para otros, eres la perfecta empleada, pues la calidad que brindas es excepcional y tu mientras padeces de todo lo que hablamos en el punto anterior, pero ni siquiera te lo permites sentir porque tienes el foco puesto en lo bien que hay que hacer las cosas. Cuando trabajas para ti mismo, como es mi caso en estos momentos, es desvitalizador.

Así que aquí entre nos te confieso que emprendí mi proyecto con la ilusión de quererlo hacer todo tan bien, tan extremadamente perfecto, sin mancha alguna ni error posible.

Sintiendo la necesidad de aprender a hacerlo todo yo sola. Me apunté a decenas de cursos, aprendí diferentes estrategias, herramientas, técnica. Quise no perderme de nada y estar en todo a la vez hasta que me colapsé, me enfermé de estrés (si, si, en casa de herrero, cuchillo de palo) y tuve que parar. Empecé a desintoxicarme y a conectar de nuevo conmigo misma para empezar a re-conocer qué era lo realmente bueno para mí.

 

Quien no admite el error se está rechazando y descalificando a si mismo hasta llegar a autodestruirse

4. ¡El amor, la cura de todos los males!

Primero quiero decirte que no hace falta que duela tanto para hacer definitivamente algo. Tú y los tuyos merecen vivir una vida armoniosa, tranquila y feliz.

Te voy a contar entonces lo que me ha ayudado a mi a estar en el camino de convertirme en una experfeccionista:

  • Para empezar, es fundamental tomar consciencia de este patrón. Espero de todo corazón que este articulo te ayude a ello.
  • Se honesto contigo mismo y ve las cosas tal y como son. Ni más grandes ni más pequeñas.
  • Practica la aceptación, permitiendo reconocer todas las habilidades, dones y talentos que tienes.
  • La perfección te aleja de la vulnerabilidad así que te invito a mostrar tu parte más vulnerable. (Puedes saber cómo en mi artículo El riego de no mostrarte vulnerable)
  • Reconoce todos tus logros, por pequeños e insignificantes que parezcan. Valora tu esfuerzo y dedicación, teniendo en cuenta que siempre haces las cosas lo mejor que sabes y puedes.
  • Y, sobre todo, disfruta del momento presente y con ello, de todo lo que la vida tiene para ofrecerte. Mientras estés inmerso en el detalle, no podrás apreciar lo que tienes delante.

 

¿Y me preguntarás como se consigue esto? Pues con mucha paciencia y una gran dosis de amor, primero hacia ti mismo y luego hacia los que te rodean.  Si y solo si, te amas incondicionalmente, podrás conseguirlo.

Deja de pensar la vida y empieza a sentirla. Date el permiso de identificar y habitar todas las partes que hay en ti, pues cada una de ellas son necesarias para vivir tu humanidad, esa que se equivoca, que comete errores y que está en continuo aprendizaje.

 

  Vive plenamente tu humanidad para trascender tu divinidad.  Siéntete perfecta por el simple hecho de existir.

 

Si sientes que este articulo te ha aportado luz, se generoso compartiéndolo con otros.

Gracias,

Giovanna Muñoz