El precio de ser perfecta

 

Hoy quiero hablarte de algo que me es muy familiar. En realidad, lo he vivido en mi propia piel. Se muy bien cual es el precio de ser perfecta.

 

Los padres tienen elevadas expectativas hacia sus hijos y los hijos para obtener su amor hacen lo que sea, como te conté en mi anterior artículo.

 

La verdad es que desde pequeña entendí que solo lo que estaba más que bien hecho, era lo aceptado. Por lo tanto, bastante me he asegurado en hacer todo con la máxima calidad posible, y eso no tiene nada de malo, hasta que un día te haces mayor, después de mucho desgaste, aprendes y tomas consciencia, que ese modelo de vida no es funcional ni sostenible en el tiempo y, por el contrario, es absurdamente agotador, por no decir paralizante.

No pretendo hablarte solo de mí, si bien con muchas cosas me siento identificada, por suerte, no todas las he experimentado.

 

 
La radiografía de un perfeccionista

 

Si lo pensamos bien, no es considerado como un defecto. Está muy bien valorado socialmente ser perfeccionista. Todos ganan cuando alguien que persigue la excelencia, se esmera al máximo en cualquier labor que desempeña. El problema es que cuando llegas a cierto nivel, bajar los estándares ya no te es permitido y tú de ninguna manera lo aceptas, básicamente porque esto se ha convertido en un patrón de funcionamiento.

 

Y aunque de cara a los demás es fascinante contar con un perfeccionista en su vida porque sugiere la posibilidad de lograr con éxito aquello que ha de acometer, hay cosas que se le escapan de su control, inevitablemente.

 

La Real Academia Española ya nos lo deja clarito desde el principio y define esta conducta como “una tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”…. y ahí empiezan los problemas, pero no para el otro, sino para sí misma.

 

El perfeccionista es alguien que tiende a sentirse continuamente insatisfecho e incluso frustrado, porque no termina de encontrar del todo perfecto aquello que hace. Su elevada autocritica le lleva a esforzarse permanentemente y sin descanso por mejorar una y otra vez cualquier tarea que inicie.

 

Es un “esclavo” del detalle y tiene una tendencia automática a encontrar defectos. Nada está bien, pues todo debe ser mejorado. Todo es un logro incompleto. Ninguna cosa termina de estar.

 

Y repito, de entrada es ideal buscar la excelencia, sin embargo, cuando este patrón se instala en tu vida e impregna todas las áreas, empieza a haber sufrimiento.

Quiero mencionarte algunas de las cosas por las que puede pasar, aquel que pretende ser perfecto.

Hay un importante miedo a equivocarse y por lo tanto miedo a fracasar o, por el contrario, miedo a triunfar. Esto le lleva a no terminar lo que hace o retrasarse en la entrega, ya que siente que debe revisarlo todo una y otra vez. De esa manera es imposible disfrutar del proceso y finalmente lo que ocurre es que, si esto se mantiene en el tiempo, termina por no sentirse suficiente – de manera inconsciente -, ya que ha de lidiar con demasiada frustración.

 

Y como la función de nuestra mente inconsciente es protegernos, aparecen un sinnúmero de autosabotajes con la finalidad de esconder sus faltas o terminar castigándose por ellas.

 

¡El amor lo cura todo!

 

Bien sabrás que no hay una solución mágica así que sugeriré unos puntos que te pueden ayudar, así como me ha ayudado a mí.

 

  • Para empezar, es fundamental tomar consciencia de este patrón. Te advierto que puede ser un poco doloroso – ¡para que te lo voy a negar! – ya que te das cuenta de lo paralizante que llega a ser y de la energía que te roba cada día. También reconocer lo critico e injusto que llegas a ser contigo mismo, al no dejar pasar ni el mínimo error.

 

  • Aprender a ser más tolerante y compasivo.

 

  • Reconoce todos tus logros, por pequeños e insignificantes que parezcan. Valora tu esfuerzo y dedicación, teniendo en cuenta que siempre haces las cosas lo mejor que sabes y puedes con lo que tienes.

 

  • Practica la aceptación, permitiendo verte tal y como eres.

 

El ingrediente fundamental para llevar a cabo todo lo que he mencionado antes es el amor. Si y solo si, te amas incondicionalmente, podrás conseguirlo.

 

Reconoce la humanidad que hay en ti y
deja a la Divinidad hacer su parte.
Siéntete perfecta por el simple hecho de existir.