Los mensajes ocultos del cuerpo

 

Hay maneras y maneras de vivir, todas válidas y respetables. Una de ellas es vivir desde la consciencia, observando todo lo que pasa en tu vida y tomando tu cuerpo como el instrumento principal desde el cual la vida se comunica contigo. La enfermedad es uno de los lenguajes que usa.

 

 

“La vida nos habla en susurros; si no somos conscientes de su mensaje, nos habla más alto;
Si aún no sabemos entender o no hacemos caso, nos sigue hablando más y más alto
Hasta que nos da un grito. Ese grito es el dolor, la enfermedad o el accidente.”
Eric Rolf – La medicina del Alma –

 

 

 

Si crees que no has hecho nada para enfermarte, tampoco considerarás que has de hacer algo para sanarte, y no estoy hablando de asumir culpa por ello sino de tomar responsabilidad de todo lo que ocurre en tu vida.

En todo momento eres tú, el actor principal de la historia, así que he de recordarte que la enfermedad no es la protagonista, ni tú eres la enfermedad. Ella está ahí para mostrarte algo de ti.

 

La clave está en saber entender lo que quiere decirte el cuerpo con el dolor, el malestar o el síntoma. Para ello es necesario observarte, escucharte, sentirte y esto solo se puede hacer estando presente en tu presente.

 

Síntoma es sinónimo de señal o manifestación, por lo cual, en el ámbito médico nos estaría hablando del inicio de una afección en la salud, ya que aún no se le puede denominar enfermedad, aunque es cierto que, si persiste en el tiempo, se convierte en ello.

 

Quiero contarte algo acerca de mí. Desde los 11 años, cuando tuve la primera regla, empecé a tener migrañas y estas me acompañaron por muchos años de mi vida. Fui a varios neurólogos, me hicieron diversas pruebas y al no encontrar nada diferente a la descripción clínica de una clásica migraña, se me indicó usar una medicación para el inicio del dolor y otra para las crisis de migraña. Llevaba conmigo, ahí a donde fuera, dichos medicamentos. Incluso, por temor a que empeorará el dolor y se convirtiera en una migraña severa, empecé a usar uno de los medicamentos, ante el mínimo atisbo de dolor. La situación iba cada vez a peor porque sentía que la migraña me estaba cogiendo ventaja y era quien en últimas estaba teniendo el control. Vivía literalmente con miedo a consumir alimentos o bebidas que la desencadenaran y de alguna manera, los medicamentos se estaban convirtiendo en un elemento que me brindaban “seguridad”.

En una temporada de mucho estrés, los dolores empeoraron y me di cuenta que tenía que hacer algo para cortar con esto.

Ya tomaba bastantes precauciones para que no me ocurriera, sin embargo, hice cambios más drásticos en la dieta, asumí algunos hábitos que supuestamente distanciarían los episodios, y nada de eso cambió radicalmente mi situación. Digamos que estaba condenada a ser una migrañosa crónica y yo que rehúso las etiquetas, decidí ir más allá de lo ya mencionado.  

 

Lo primero que empecé a hacer fue observar en qué momento aparecía el dolor. Identifiqué que aparecía fundamentalmente en situaciones de estrés. Digamos que este era un primer hallazgo….aún era necesario explorar un poco más….

 

La siguiente pregunta era: ¿Qué es lo que me desencadena ese estrés? Entonces empecé a identificar una constante en todas las situaciones, y se relacionaba precisamente con mi tendencia a asumir excesiva responsabilidad – es decir, no solo la que a mí me corresponde, sino también cargar sobre mis hombros, la de otros -, así que tomé consciencia de mi conducta.

 

Esto me llevó al tercer punto, y era empezar a actuar consecuentemente, así que, una vez reconocí esto, por mucho que fuera difícil para mí, permití que el otro, se hiciera cargo de sí. Dejé de sentirme “culpable” por aquello que él no había resuelto aún e incluso no sabía cómo, y de alguna manera, yo asumiendo un rol de salvadora, sentía que me tenia que hacer cargo. Esto lo menciono en el contexto de muchos momentos en el trabajo en el que el paciente o la familia, descargaban sobre mí la responsabilidad de la evolución clínica del afectado, o las expectativas que tenían acerca de su recuperación, en especial cuando ellos no hacían su parte. Entonces, empecé a soltar la necesidad de tener todo bajo control, incluso dejar de preocuparme por lo que dijeran de mí, cuando tomaba ciertas decisiones de matiz clínico, que no eran de su agrado.

 

Por último, decidí aplicar esta observación a otras áreas de mi vida para que de esta manera pudiera identificar el significado que el síntoma estaba teniendo en mi. Particularmente, me di cuenta como ese dolor de cabeza aparecía para mostrarme esas sensaciones de insuficiencia. Es decir, el sentirme mal por no complacer al otro, por no decirle lo que él quería escuchar, e incluso, ponerme responsabilidad encima, quitándole al otro la opción de que asumiera su parte.

 

Hace más de dos años no tengo migrañas recurrentes, quizás uno o dos eventos al año como máximo. Ya no llevo las pastillas en el bolso, e incluso he vuelto a incluir alimentos y bebidas que supuestamente desencadenaban la migraña.

Más allá de los argumentos médicos que algún colega me pueda rebatir, he de decir sin lugar a dudas que ese síntoma me ha enseñado algo muy valioso y una vez lo he reconocido, me he sanado no solo de la migraña, sino que me ha liberado de conductas insanas que no hacen ningún bien a mi ni a otros.

 

Como veis, todos esos pensamientos y emociones se muestran de manera sutil, por lo cual, no los hubiera podido identificar de forma automática y racional. A mí me supuso practicar la auto – observación, escuchar mi diálogo interno, tomar consciencia de ello y por último, actuar consecuentemente y sostenidamente en el tiempo hasta que se convirtiera en un hábito en mí.

 

Recomendaciones:

  1. Practicar la atención plena (o Mindfulness)

Este concepto hace referencia al esfuerzo intencional de estar consciente en la experiencia presente, aceptando la realidad como es y sin emitir juicios de valor. La clave está en convertirnos en un observador objetivo de nuestros problemas y de los pensamientos que los generan. Es importante no engancharnos con ninguno de ellos. Simplemente se trata de observar y tomar consciencia.

 

  1. Practicar la respiración consciente

La respiración es el puente entre el cuerpo y la mente. Nos aporta no solo calma, sino que nos permite reconocer las tensiones de nuestro cuerpo, lo acelerado que va el corazón, entre otros. También incide sobre nuestro estado mental.

Aunque respiramos de forma automática, es importante identificar si tenemos una respiración de predominio abdominal, torácica o clavicular, cada una tiene una función diferente, y tal vez lo mejor será practicar la respiración completa, ya que tiene múltiples beneficios.

 

  1. Conectar con el cuerpo a través del movimiento

Suelo ser muy mental, es decir, paso una gran parte del tiempo en la mente y eso ha hecho que mi conexión con el cuerpo sea mínima.

Hace unos meses me invitaron a una terapia de desbloqueo corporal y me pareció fascinante ya que es un espacio en el cual, a través del movimiento, contactas con tu cuerpo, lo sientes y lo escuchas.

Hay múltiples opciones, el yoga, el taichi, la terapia corporal integrativa, el baile, entre otras. La idea es que te permitas un espacio y un tiempo para establecer contacto con tu cuerpo. Este tiene mucho que decirte!!

 

Para finalizar, quiero recordarte que si en calidad de aprendiz de la vida, vas integrando herramientas para conectar más y más contigo mismo, podrás ganar sin duda, en bienestar.

Puede ser que todo esto que te menciono hoy, no sepas cómo hacerlo, simplemente permítete recibirlo como una semilla que en el momento adecuado germinará. De momento solo tenlo en cuenta e incluso, permítete probar algunas de las recomendaciones que te he hecho.

Me encantará saber de ti.

 

“Sanar no significa que el daño nunca existió. Significa que el daño ya no controla tu vida”

 

*A través de mis artículos quiero aportar reflexión y mayor consciencia sobre tu forma de estar en el mundo. Además de invitarte a tomar las riendas de tu vida a través del autoconocimiento. Con estas recomendaciones, no se pretende en ningún momento, sustituir el consejo médico ni las indicaciones de tratamiento.