El riesgo de no mostrarte vulnerable

Vivimos en una sociedad altamente competitiva, donde los logros y el éxito parecen no tener fin. A esto se le suma la obsesión por ser perfecta, la creencia errónea de que hay que poder con todo y la sensación de que se nos mide por lo que conseguimos o tenemos.

La palabra éxito tiene 162 millones de búsquedas en google y en ese abanico de opciones existen múltiples estrategias de cómo lograrlo. Muchas de esas publicaciones plantean una relación directamente proporcional entre éxito y felicidad, condición bastante alejada de la realidad dando pie a falsas expectativas y, por lo tanto, a grandes decepciones.

 

Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil 

 

 

A todas estas he de decir que con frecuencia me encuentro en la consulta a personas que están insatisfechas en sus vidas, aunque aparentemente desde afuera todo luce estupendamente. Tienen un buen puesto de trabajo, incluso un buen sueldo, sin embargo, están desbordadas ya que de alguna manera se encuentran ante la inquietante necesidad de ser excepcionalmente competentes en todas las áreas de su vida, olvidándose de sus auténticos deseos y de la esencia de su ser.

Estas personas tienden a minimizar los sentimientos y magnificar la fuerza, es decir, no se permiten recibir apoyo emocional, físico o intelectual, tienen dificultades para expresar sus emociones. Actúan como una máquina de producción, incansable y sin deterioro. No tienen tiempo para “sensiblerías” y, por el contrario, necesitan del poder que es el que le da sentido y valor a su vida.

Son personas que piensan que con llorar nada se gana, por lo tanto, no se quejan ni permiten que se preocupen por ellos. Dentro de sí, asumen sus cargas y las de otros si hace falta, aunque ante los demás minimizan su sufrimiento.

No aceptan estar enfermos y se creen invulnerables ante las heridas físicas y emocionales. Y para sostener todo esto es necesario sentirse más que todo el mundo, aumentar su fuerza, elevar su velocidad, superar constantemente su rendimiento, su resistencia, y es así como, desmedidos en sus conductas, termina por afectar seriamente su salud.

 

 

Vulnerabilidad a flor de piel

Brené Brown, profesora e investigadora de la Universidad de Houston, experta en vulnerabilidad, coraje y vergüenza, define la vulnerabilidad como la posibilidad de atreverse a arriesgar, exponerse sin protección y de alguna manera, mostrarse imperfectos para develar la humanidad que hay en nosotros. Comenta que, si nos endurecemos para no sentir dolor, también lo hacemos para no sentir amor.

 

¿De qué sirve ser vulnerable?

Es cierto que nadie nos ha enseñado a gestionar nuestra vulnerabilidad, de hecho, la asociamos con debilidad, y no, no tiene nada que ver. Sólo una persona madura, firme y con fortaleza puede permitirse aceptar y mostrar su vulnerabilidad. Lo contrario de ser vulnerable es ser insensible y una persona que no siente vergüenza es alguien incapaz de tener empatía, de contactar y amar al otro. El débil, por su parte, es quien erige grandes defensas para poder huir. La vulnerabilidad nos acerca a la humildad y nos permite dejar atrás los comportamientos vanidosos.

Además….

  • La verdad te hace libre y en esa medida, mostrarte más humana te libera de la presión de sostener una vida “perfecta” y claramente irreal.
  • Cuanto más abierta te muestres y compartas tus dificultades, más posibilidades tendrás de sentirte acompañada.
  • Al mostrarte auténtica, las personas sentirán que pueden confiar en ti y te sentirán más cercana.
  • Mejorará tu autoestima si practicas la autoaceptación y el amor propio.
  • Ganarás en salud ya que al liberarte de presiones y autoexigencias, podrás sentirte menos angustiada y, por consiguiente, forzarás menos a tu cuerpo.

 

Cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos, mejor podremos leer los de los demás.

Daniel Goleman

 

 

Recomendaciones:

  • Comparte con alguien de confianza tus miedos más profundos. Déjate sostener por el otro y siéntete merecedora de comprensión y apoyo.
  • Acepta que estás en un camino de crecimiento y mejora continua, así que no lo tienes que saber todo ahora y perfectamente.
  • Empieza de una vez por todas a decir NO a lo que no quieres o no puedes. Acepta tus límites de tiempo o energía y aprende a priorizar.
  • Se compasiva contigo misma y trátate con amor. Tener la necesidad de demostrar lo “perfecta” y válida que eres, es una falta de reconocimiento a tu grandeza y poder personal que ya te ha sido otorgado, por el simple hecho de existir.
  • Y sobre todo, vive y disfruta de la vida tal y como viene. Con alegrías y tristezas, con imperfecciones y dolores, aunque también con muchas bondades – Muchas más de las que tú puedes ver -.

 

Deseo que este articulo te aporte claridad y mayor consciencia. Si crees que a alguien más le puede ayudar a reflexionar sobre su funcionamiento, compartelo.

Gracias,

 

Giovanna Muñoz